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Historia clínica familiar. ¿Qué hacemos, prevención y/o cura?

  • Categoría de la entrada:Salud

La comunicación familiar es imprescindible a la hora de decir que nos conocemos bien. Utilicémosla a nuestro favor lo antes posible. Prevenir es la solución y a su vez es trabajo constante sobre nosotros mismos.

Testimonio:

  • “Mi marido tuvo que recurrir al oculista, ya que encontraba con visión borrosa.”

Luego de haber sido recetado los anteojos, concurre al  médico clínico para un examen de sangre de rutina, donde descubren un índice de 400 mg/dl de glucosa en sangre (el margen normal de un adulto se encuentra entre los 74 y los 110 mg/dL).

Agradecido de haber tomado el toro por las astas a tiempo, por estar atento a síntomas que no fueron desestimados como la visión borrosa, orina en exceso, debilidad o cansancio, mucha sed, mucho apetito y pérdida de peso; reconoce que pudo haber sido víctima de un coma diabético, enfermedades nerviosas, enfermedades renales, ceguera, insuficiencia cardíaca, complicaciones en la piel.

La historia termina en un régimen nutricional y actividad física, para cuidar la ingesta y utilizar o reducir la glucosa, lo cual llevará un tiempo.

¿Esta persona queda sujeta a una dieta estricta y a la actividad física obligatoria hasta el final de sus días?

Si, por supuesto, pero sin verlo como una condena, tanto él como todos nosotros podemos disfrutar de una rutina saludable encontrando la variedad al cocinarnos sano (hacerlo más ameno) y buscando entre un montón de actividades físicas aquella que sea acorde a nuestros objetivos y gustos. Lo que debe generar esta persona son hábitos saludables y entrarlos con naturalidad en su rutina diaria.

 A la hora de realizar una actividad, solemos llenar una ficha de salud con información útil para el docente y/o institución.

¿A cargo de quien está esta información?

Si bien los profesores/ instructores tenemos el cuidado de trabajar con el cuerpo de la persona tal cual se nos presenta, esta información es propia de cada alumno.

Antes de tomar al toro por las astas, lo más prudente para nuestra salud sería lograr que estas ni siquiera aparezcan frente a nosotros. ¿Cómo? Teniendo un mayor cuidado en las falencias que se encuentren presentes en nuestra historia clínica familiar. Entrenemos rutinas saludables.

Auto evaluación:

 Por ejemplo:

  • “Yo no tengo hipertensión, pero tengo historia familiar sobre ello.”

Entonces indago: ¿Cómo surgieron? ¿A qué edades? ¿El estrés fue un detonante en la familia? ¿Cómo me tomo las situaciones en general? ¿Cuáles son mis actitudes diarias? ¿Estoy atento a las consecuencias que me puede traer una situación emocional fuerte? ¿Cuáles son mis debilidades?

Me conozco, trabajo en mí desde mi historia familiar. En este ejemplo, me cuido estrictamente con el sodio y trabajo física y psicológicamente sobre los detonantes.